El phreaking...


Es el conjunto de mecanismos (generalmente ilícitos) por los cuales muchas personas (cada vez mas) vulneran la seguridad de los sistemas telefónicos tanto públicos, privados como celulares.

Para que lo puedas entender de una: Preak es el mecanismo por el cual pretendes hablar gratis o el mecanismo por el cual te están engordando tu factura de teléfonos.

Cuando en la telefonía reinaban las centrales análogas los phreakers fabricaban aparatos que generaban tonos en determinadas frecuencias claves y que anulaban el contador telefónico. Curiosamente éstos proliferaron mas en Estados Unidos (donde el teléfono es extremadamente accesible) que en países como Argentina, donde el teléfono es casi un elemento de usura. Esos aparatos se denominaban boxes y se diferenciaban por colores. Blue Box, quizás la mas conocida de todas, es la que se empleaba para hacer boxing desde una línea domiciliar. Con la llegada de las líneas digitales (gracias a las cuales las compañías saben hasta el color de calzoncillos del que levanto el auricular) ésta actividad comenzó a decaer. Hacer boxing ahora y desde la propia casa de uno es tan riesgoso como meterse en un serpentario.

Los teléfonos públicos siempre fueron la admiración de los phreakers. Claro, que mejor que el anonimato de una cabina. En la madre patria (Estados Unidos) los antiguos teléfonos eran fácilmente engañados con una grabación del ruido que producían las monedas al caer. Elementos necesarios: 1. La moneda de la cual se grabaría el sonido (inversión inicial) 2. un pequeño grabador de cinta. En Argentina el asunto si se quiere era mas simple. La empresa de aquel entonces (ENTel) había colocado unos teléfonos públicos anaranjados que eran verdaderos acorazados de hierro. Realmente eran mas fuertes que un tanque de guerra, pero la falencia residía en lo mas simple, el cospel. Como acá los criollos no tenían ni la mas pálida idea sobre como se podría lograr identificar una moneda inventaron el cospel telefónico, el cual era como una moneda de videojuegos, pero con distintas ranuras. Ese cospel tenía que pasar por una chapa sobre la cual estaba estampado y cortado el metal de tal manera que sólo el cospel telefónico pasara. Que hacía la gente? Con un destornillador mediano le doblaban los dientes a esa chapa y mandaban las monedas de principio de siglo. Si hubiesen sido mas vivos, hoy las vendían como reliquia, en lugar de usarlas para "TRATAR" de hablar por teléfono. Con la llegada de los gallegos y los franceses al país (la privatización) instalaron unos simpáticos teléfonos electrónicos que, para lo que estábamos acostumbrados a ver, parecían de juguete. Esos teléfonos empleaban cospel (con un sistema detector electrónico en reemplazo de la ranura de chapa) y leían tarjetas magnéticas. Las tarjetas tenían una franja negra similar a la cinta de un cassette de música en la cual habían grabado la información sobre el dinero disponible. La forma de funcionar implicaba que, a medida que se consumía el saldo el teléfono sobre grababa las zonas de la tarjeta. Así, la próxima vez que esa tarjeta era introducida sólo se podía usar desde donde el llamado anterior quedo (si es que quedo saldo alguno). Al año de instalado el sistema la gente se advirtió que, pegando una cinta adhesiva cualquiera sobre la banda magnética, se lograba que el teléfono leyera la tarjeta, pero cuando la grababa no había contacto suficiente para que el cabezal alterase el contenido de la cinta. Conclusión: Con sólo un año de vida la tarjeta magnética se descartó y aparecieron las tarjetas Chip, las cuales son otro tema.

La revolución inalámbrica llegó al país de la mano de Movicom (por aquel entonces de Motorola -USA- y Sociedad Macri -ARG-). En sus comienzos el servicio era tan caro que quienes lo podían disfrutar no necesitaban de estafar a la empresa para hablar. Con el paso de los años (y la llegada de Miniphone) Movicom se vio obligada a bajar los precios a tal punto que ahora todas las compañías del país regalan sus equipos con tal que cualquiera use el servicio. Eso generó un tráfico de llamadas tal que las empresas percibieron muchos mas ingresos que cuando eran elitistas, pero también posibilitaron a gente con ingenio técnico el acceso a la telefonía celular. En sus comienzos las empresas juraban que era absolutamente imposible pinchar una línea celular. Personalmente llamé una vez al *611 (servicios al cliente) y pregunte si era posible que me hubiesen pinchado la línea porque me parecía inflada la factura. La empresa respondió textual (lo tengo grabado): "Los celulares, al carecer de cables, no pueden ser pinchados. Es absolutamente imposible". Eso puede convencer a un tonto que nada sabe de electrónica, pero a un técnico electrónico no se le puede hablar de esa forma. Al año siguiente cae preso un sujeto de unos 30 años por clonar celulares. Desde allí hasta que aparecieron los locutorios clandestinos que los peruanos armaban en el once con celulares clonados se sucedieron una larga lista de allanamientos y detenciones que lo único que hacían es demostrar como las empresas celulares mentían al asegurar que los servicios eran imposibles de pinchar. Con la llegada del "MEJOR DIGITAL" se le volvió a prometer a la gente que las comunicaciones eran privadas e imposibles de interceptar. Otra vez mintieron.